Y que te guste. Que te guste mucho. Y tal vez pienses que es una obviedad, que «¡por supuesto!», pero esa no es siempre la realidad. Hoy, uno de los grandes problemas de las parejas es que no se gustan. Se atraen, se desean, intentan quererse o engancharse a una idea de futuro, pero no se gustan.

Mira alrededor. O, mejor, mírate a ti. Tal vez fue eso lo que falló. Tal vez por eso tanta discusión.

Y, bueno… Entonces, ¿qué es gustar?, dirás. Buena pregunta.

Gustar es alegrarse al aceptar. Su presente, su pasado, su futuro.

Es mirar por el agujero de una puerta —a escondidas— y que te encante lo que ves.

Es sonreír al ver cómo juega con el mundo. Con los suyos. Con los extraños. Con la vida. Aunque tú no estés.

Es echarse a un lado y disfrutar. Fascinarse, admirar.

Es que sus sueños te provoquen felicidad, aun cuando no se parezcan a los tuyos.

Es encontrar en sus defectos y torpezas una historia pasada que abrazar.

Es muchas cosas más, y nadie como tú para saberlas si te atreves a mirar en el fondo de tu corazón.

Pero, sobre todo, es una: gustar es sentir que no falta nada más. Que no tiene que llegar ningún cambio, día o promesa para que lo que hoy existe añada a la alegría de tus ojos más felicidad.

Nunca estés con alguien que no te guste.
Que no te guste de verdad.

Fuente: Universo sencillo Blog